HUMILDE, FERVOROSA, PACIENTE Y CARITATIVA HERMANDAD DE NUESTRA SEÑORA DEL ROCÍO "ROCIEROS DE CORAZÓN",

  Erigida y establecida canónicamente en la arquidiócesis de Mérida, Venezuela el cinco de diciembre de dos mil catorce.

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ÍNDICE

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     Como hermandad de Gloria, es decir una agrupación de fieles católicos apostólicos romanos italianos que pretenden fomentar, divulgar, cultivar y promover la fe católica muy especialmente a través del acercamiento a María Santísima Reina de los Ángeles, Señora de la Marisma, patrona de la Villa de Almonte;  y a través de ella, lograr un acercamiento sincero directo y profundo al padre único Señor Todopoderoso, su hijo: Jesús, el Divino Pastorcito.  Para ello Rocieros de Corazón trata de realizar una serie de actividades durante el calendario litúrgico, pretendiendo mantener y fomentar las costumbres propias del mariano, fervoroso y rociero pueblo de Almonte, tratando de realizar en la distancia las actividades y fiestas de aquella villa y de la aldea, tratando de ajustarlas en lo posible a las costumbres de cada región eclesiástica local.

     A la luz de la renovada conciencia que la Iglesia tiene de sí misma como misterio de comunión misionera, el Concilio Vaticano II,  después de haber llamado a los fieles laicos al deber insustituible del apostolado individual que «es el principio y fundamento de todo apostolado seglar», subraya la importancia de las formas organizadas del apostolado laical, que no solo se corresponden con la naturaleza social de la persona humana, sino que son «expresión de la comunión y de la unidad de la Iglesia en Cristo». Subrayando la mayor eficacia operativa de la acción común garantizada por el apostolado asociado, sea por el apoyo y la formación de los miembros, sea por la obtención de frutos más abundantes, el Concilio afirma que «el cometido universal de la misión de la Iglesia, considerando a un tiempo el progreso de los institutos y el avance arrollador de la sociedad actual, exige que las obras apostólicas de los católicos perfeccionen más y más las formas asociadas en el campo internacional», que van apoyadas a causa de la aportación que ofrecen no sólo para la edificación de la comunidad de los pueblos en la paz y fraternidad, sino también en la formación de la conciencia a una responsabilidad y solidaridad universal.

 

 

     RECORDANDO Y CITANDO UNA DE LAS CUATRO CONSTITUCIONES PROMULGADA EN EL CONCILIO VATICANO SEGUNDO, ESPECÍFICAMENTE LA LUMEN GENTIUM EN SU ARTICULO 33 TENEMOS QUE:

     Los laicos congregados en el Pueblo de Dios y constituidos en un solo Cuerpo de Cristo bajo una sola Cabeza, cualesquiera que sean, están llamados, a fuer de miembros vivos, a procurar el crecimiento de la Iglesia y su perenne santificación con todas sus fuerzas, recibidas por beneficio del Creador y gracia del Redentor. El apostolado de los laicos es la participación en la misma misión salvífica de la Iglesia, a cuyo apostolado todos están llamados por el mismo Señor en razón del bautismo y de la confirmación. Por los sacramentos, especialmente por la Sagrada Eucaristía, se comunica y se nutre aquel amor hacia Dios y hacia los hombres, que es el alma de todo apostolado. Los laicos, sin embargo, están llamados, particularmente, a hacer presente y operante a la Iglesia en los lugares y condiciones donde ella no puede ser sal de la tierra si no es a través de ellos. Así, pues, todo laico, por los mismos dones que le han sido conferidos, se convierte en testigo e instrumento vivo, a la vez, de la misión de la misma Iglesia "en la medida del don de Cristo" (Ef 4,7). Además de este apostolado, que incumbe absolutamente a todos los fieles, los laicos pueden también ser llamados de diversos modos a una cooperación más inmediata con el apostolado de la jerarquía, como aquellos hombres y mujeres que ayudaban al apóstol Pablo en la evangelización, trabajando mucho en el Señor (cf. Fil 4,3; Rom 16,3ss.). Por los demás, son aptos para que la jerarquía les confíe el ejercicio de determinados cargos eclesiásticos, ordenados a un fin espiritual. Así, pues, incumbe a todos los laicos colaborar en la hermosa empresa de que el divino designio de salvación alcance más y más a todos los hombres de todos los tiempos y de todas las tierras. Abráseles, pues, camino por doquier para que, a la medida de sus fuerzas y de las necesidades de los tiempos, participen también ellos, celosamente, en la misión salvadora de la Iglesia.

 

 

     Juan Pablo II, además, ha subrayado más de una vez que «en la Iglesia no hay contraste u oposición entre la dimensión institucional y la dimensión carismática, de la cual los movimientos son una expresión significativa, y que las dos son consustanciales a la constitución divina de la Iglesia fundada  por Jesús, porque concurren juntas a hacer presente el misterio de Cristo y de su obra salvífica en el mundo». Los carismas, en cuanto don del Espíritu Santo a la Iglesia para hacerla cada vez más idónea para realizar su misión en el mundo, tienen que ser acogidos con gratitud,  acompañados y favoreciendo su desarrollo. Y el reconocimiento canónico que reciben de la autoridad eclesiástica competente, viene a confirmar la validez de su propuesta como camino auténtico hacia la santidad de la vida personal y comunitaria. Por esta razón el discernimiento y el reconocimiento tienen que realizarse a la luz de los claros «criterios de eclesialidad» enumerados en la Christifideles laici y que vale la pena recordar brevemente: el primado que se da a la vocación de cada cristiano a la santidad, la responsabilidad de confesar la fe católica, el testimonio de una comunión firme y convencida con el sucesor de Pedro y con el propio Obispo, la conformidad y la participación en el fin apostólico de la Iglesia, el comprometerse en una presencia en la sociedad humana. Estos criterios, que «se comprueban en los frutos concretos que acompañan la vida y las obras de las diversas formas asociadas», son orientaciones fundamentales para la obra de discernimiento de los pastores y preciosos indicadores del camino para las asociaciones y los movimientos, significativamente invitados por el Papa a iniciar y recorrer el camino de la «madurez eclesial».

 

     En la aldea, los tiempos propios del calendario litúrgico casi siempre van acompañada de una fiesta rociera, por ejemplo el adviento, con la vigilia de la Inmaculada, navidad, con la fiesta propia del nacimiento de Dios, la candelaria y la presentación de los niños (paso por el manto), la cuaresma con las fiestas propias de la semana santa, el triduo pascual;  la pascua con la fiesta de Pentecostés y el tiempo ordinario con el resto de las fiestas propias.

 

     Respetando el calendario litúrgico, las costumbres de la fe mariana rociera que son las de la aldea de El Rocío en Almonte,  y atendiendo el mandato de la constitución Lumen Gentium, los Rocieros de Corazón tratamos de mantener una agenda de actividades mas o menos semejante o parecida a la de la aldea.  En nuestro caso, al estar en un continente distinto, algunas normas de la Iglesia regional pueden variar, pero en líneas generales las fiestas y costumbres de la Iglesia Universal, son básicamente las mismas.

 

QUE VIVA LA VIRGEN DEL ROCÍO, PATRONA DE ALMONTE, DESDE 1653, REINA DE LA MARISMA, Y DE LOS ÁNGELES  MADRE DE DIOS Y DE TODOS LOS ROCIEROS DEL MUNDO.

SoyRociero.com, es la página web y contacto virtual de la humilde, fervorosa, paciente y caritativa hermandad de nuestra Señora del Rocío ROCIEROS DE CORAZÓN,

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